Huerta del Obispo

Partiendo de la torre más cercana a la Puerta de Madrid, rehecha en los s. XIX y XX, se inicia el lienzo que separa el recinto arzobispal de la ciudad complutense y que conserva cuatro torres, tres de ellas con una estancia abajo. El espacio interior abierto que queda en el área oeste de dicho recinto amurallado es conocido como Huerta del Obispo, y es otro lugar que también posee unos rincones merecedores de atención. Se quedó con el nombre de su último uso conocido como huerta según acreditan los surcos del arado y los restos de sistemas de regadío que se han encontrado en ella.

En espera de que las ruinas del palacio sean recuperadas definitivamente como Casa de los Arqueólogos, este espacio tiene una serie de construcciones curiosas, como un aljibe rectangular excavado al este, y una edificación de planta rectangular de dos pisos más sótano adosada a la esquina suroeste de la muralla que a principios de los 90 fueron sede de la vicaría Madrid-Alcalá, después dependencias del obispado complutense en sus primeros cinco años de  vida, y finalmente destinada a residencia sacerdotal. Posiblemente se correspondería con un cuerpo de guardia, localizado estratégicamente entre el cierre de las murallas del Palacio y la puerta de entrada a la ciudad desde la capital, donde actualmente está la Puerta de Madrid.

Tradicionalmente los estudios sitúan en esta área el albacar medieval de la fortaleza original o zona libre (libre de construcciones) donde, retrocediendo en el tiempo, algunos autores defienden que hubo unas termas o «casa de placer» romana cuya existencia no se ha documentado, aunque sí se constata la existencia de un establecimiento romano de tipología indeterminada. Con la transformación de la fortaleza medieval en palacio renacentista quedó como huerta y zona de recreo de los arzobispos.

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La Huerta del Obispo pertenece al Ayuntamiento y se utiliza como escenario para espectáculos multitudinarios al aire libre, ya sea el Don Juan de Alcalá, el Mercado Cervantino, conciertos musicales, proyecciones cinematográficas, etc. Merece un paseo por su interior, aprovechando uno de estos eventos o en caso de que el acceso esté abierto, por las vistas que ofrece del palacio, las ruinas, los torreones del interior del recinto o de la vecina cúpula de las Bernardas.

En primavera, antes de que los escenarios móviles tomen la explanada de cara a las actividades culturales que se programan con el buen tiempo, un manto verde salpicado de flores silvestres lo convierte en un auténtico jardín sobre el que es fácil ver planear o aterrizar alguna cigüeña, procedente de los numerosos nidos que hay sobre las cubiertas ruinosas, buscando material para el nido o alimento, lo que ha hecho de las ruinas un observatorio privilegiado para amantes de las aves y la fotografía.

El Pico del Obispo

Dentro del recinto se encuentra el lugar conocido como Pico del Obispo que desde que fueron reconstruidas sus tapias está sirviendo provisionalmente como aparcamiento público gratuito con la ventaja de estar en pleno centro histórico, y es ese carácter de provisionalidad el responsable del mal estado del firme del que tanto se quejan los usuarios del aparcamiento y los vecinos. Sin embargo, cuando queda despejado de vehículos para la realización de los muchos espectáculos que se programan en el recinto las vistas son impresionantes.

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Calle Cardenal Sandoval y Rojas

Como decía anteriormente, partiendo de la torre más cercana a la Puerta de Madrid se inicia el lienzo que separa el recinto arzobispal de la ciudad que conserva cuatro torres. Pues en el exterior de ese tramo que conduce desde la Plaza Puerta de Madrid hasta la calle Cardenal Sandoval y Rojas, también se puede disfrutar de un agradable paseo paralelo a la muralla por una zona ajardinada con predominio de álamos blancos (populus alba), algunos abetos y sinuosos parterres con arbustos entre bancos y farolas que hacen de este rincón otro lugar con encanto dentro del casco histórico.

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Las murallas de Alcalá alcanzaban un perímetro de casi cinco kilómetros. De la superficie total de este recinto, 50.000 m2, se han acondicionado diversos espacios de esa muralla interior que protegía la residencia de los arzobispos de Toledo, donde se exhiben una serie de elementos que explican la historia de más de 800 años de este conjunto desde que fue concebido como una fortaleza medieval, y después transformado en palacio renacentista, hasta que se convirtió en Archivo General de la Administración que fue destruido casi totalmente en un incendio en 1939.

Se puede aprovechar el paseo por esta parte del recinto amurallado para hacer una visita guiada por el itinerario arqueológico del Palacio Arzobispal que incluye la torre XIV, excelentemente bien conservada y que muestra elementos significativos de estas construcciones a través de la cual también se accede al Antiquarium, ubicado bajo unos arcos levantados sobre este lienzo de la muralla y que exhibe restos del Palacio que fueron rescatados de los escombros en que se convirtió la mayor parte del conjunto palaciego tras su incendio y que dan muestra de su importancia arquitectónica y del valor de su pérdida.

A través del adarve de la muralla, el camino de ronda permite acceder al interior superior de los torreones XV y XVI, este último del s. XIV convertido en un mirador o belvedere en el s. XVII que ofrece unas vistas del Palacio tan hermosas como inusuales. En general, desde cualquier punto elevado de este itinerario sobre la muralla las vistas son excepcionales tanto hacia interior con vistas a la Huerta del Obispo como hacia el exterior donde se ve el caserío histórico de Alcalá.

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Centro de Interpretación del Burgo de Santiuste

Saliendo de la torre XIV, cruzando la calle y a pocos metros, se encuentra el Centro de Interpretación del Burgo de Santiuste (nombre con el que se conocía a Alcalá entre los s. XII-XIII) que en tres espacios exhibe piezas de la época, reproducciones de textos constitucionales, esculturas del s. XVI, maquetas y reconstrucciones virtuales referentes a la ciudad y su urbanismo medieval, desde el final de la época romana hasta el inicio del Renacimiento, centrándose especialmente en los principales espacios medievales conservados en la ciudad: las murallas, el palacio Arzobispal, la Catedral y la calle Mayor. Ocupa el centro la que fuera una antigua central eléctrica de principios del s. XX de estilo neomudéjar muy interesante.

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