Filomena en Alcalá (Parte 1)

A la sexta borrasca de gran impacto de la temporada 2020-21 le correspondía el nombre de Filomena, a su pesar, -perdón por el chiste fácil con el título de la obra de Gonzalo Torrente Ballester- lo digo porque parece que el nombre no gusta mucho para llamar a las recién nacidas como se ve en la estadística. La edad media de las más de 8.000 mujeres que llevan este nombre en España es de 72 años.

El nombre se lo trajeron los Reyes Magos el 5 de enero, cuando la AEMET la bautizó, porque no parecía una borrasca cualquiera sino que traía temporal de viento, lluvias fuertes y nevadas copiosas en amplias zonas del interior peninsular. Y todos esos fenómenos sucedieron entre los días 6 y 10 de enero, menos la descomunal nevada que se cebó con el interior peninsular entre el 8 y el 9 produciendo en Madrid capital y zonas del centro y este 50 cm de espesor cuando se esperaban 20 cm.

paseo-río-Henares-en-Tabla-Pintora-Filomena
Ronda-Fiscal-Filomena

El domingo 10 Filomena se había ido y el cielo se despejó dando lugar a una ola de frío que duró desde el 11 hasta el 17, y cuyos registros de temperaturas también batieron marcas, pasando a ser tan históricos como la borrasca y su nombre. Pocas veces un nombre en trance de desaparecer queda inmortalizado de manera tan rotunda.

No nevaba así en la región desde 1971, y hasta que llegó Filomena había que remontarse a 2009 para recordar una gran nevada en Alcalá. 

Publiqué en IG la primera fotografía del entorno del río Henares comenzando a blanquearse el 7 de enero. 

Mejor acogida habría recibido en plena época navideña y, además, nos habría dejado unas Navidades blancas como Dios manda, pero se retrasó un pelín y su virulencia se llevó por delante hasta los adornos navideños que apenas 24h antes habían dejado de iluminar las calles, por última vez, la Navidad de 2020, la primera del Coronavirus -aunque eso aún no lo sabíamos-.

Río-Henares-en-Isla-del-Colegio-Filomena
Plaza-de-San-Lucas-Filomena

En una publicación que compartí días después escribí: «Así empezó todo. Los más rezagados aún estábamos desenvolviendo regalos del Día de Reyes -el último coletazo de la Navidad 2020- y se anunciaba nieve. 

El 7 de enero por la tarde se presentó el sol, tímido, cuando ya habían caído los primeros copos por la mañana.

 Aunque lo intentó no le salió de las entrañas ese fuego rojo que a veces nos hipnotiza y dejó una luz de melocotón, suave y cálida, en el horizonte antes de apagarse para no volver a aparecer, radiante y frío, hasta el día 10. 

Felices, aquel día imaginábamos una cuarta de nieve, suficiente -pensamos- para pasar un buen rato con los niños el último fin de semana antes de la vuelta al cole, pero cayeron más. 

Y el resto de la historia que vivimos, y revivimos fotográficamente cada día con más nostalgia, ya la conocemos.»

Colegio-Mayor-de-San-Ildefonso-Plaza-de-San-Diego-Filomena

No estábamos preparados para que al amanecer del día 10 la nieve caída sin cesar durante dos días se perpetuara como si fueran las del Kilimanjaro, y continuaran ahí donde cayeron, agarradas a la piel de nuestras calzadas y entrada de nuestras casas, la carrocería de nuestros coches, las tuberías de suministro de agua, y de todo aquello que estuviera a la intemperie. Desolación fue el segundo sentimiento fuerte que nos produjo la histórica borrasca, el primero había sido de éxtasis al ver tanta belleza.

Gracias a ella nos habíamos olvidado de las Navidades más tristes de nuestra existencia y de la dureza de los ocho meses que las precedieron: confinamientos, estados de alarma, restricciones, aislamiento y cifras de mortalidad desconocidas en la reciente historia de nuestro país. Estábamos aletargados por la incertidumbre y a las puertas de la tercera ola del Coronavirus cuando Filomena se presentó y nos regaló una pista de nieve en cada calle.

Parque-O'Donnell-Filomena
Plaza-de-Cervantes-Filomena

Las nieves son buenas en el medio agrícola porque la tierra labrada se mantiene húmeda y esponjosa para que las cosechas crezcan bien, -lo dice el refrán, «año de nieves, año de bienes»- y también en las estaciones de montaña donde se practican los deportes de invierno, pero en el ámbito urbano las nevadas copiosas sólo son soportables el tiempo suficiente para capturar esas instantáneas de momentos para la eternidad, y para la diversión que proporciona tener abundante nieve en la puerta de casa. 

Con cuánta intensidad vivimos aquellos momentos, convencidos por experiencia, de que las condiciones atmosféricas que los habían provocado eran tan pasajeras como la belleza efímera que producían.

Filomena nos trajo primero alegría e imágenes insólitas, gente esquiando por la calle Mayor, trineos, tablas, muñecos de nieve en cada esquina, monumentos y edificios históricos nevados, júbilo y alborozo. Una vez helada la nieve nos dejó la congelación forzosa de la vida cotidiana.

Calle-Mayor-Filomena
Avenida-de-Madrid-Filomena

Como ya he dicho, antes de que amaneciera el tercer día desde que empezara a nevar, el manto blanco se había transformado en una gigantesca masa de hielo ártico sobre la cual había que ser experto patinador para moverse. 

Las imágenes hermosas dieron paso a otras más dramáticas de resbalones, coches abandonados en mitad de la nada, puentes, túneles y carreteras cerrados, transportes paralizados, actividad económica inexistente, comercios y accesos a hospitales impracticables, etc. 

La amenaza del desabastecimiento -que ya habíamos vislumbrado durante el confinamiento- acechaba, y lo peor de todo, hubo tres víctimas mortales.

Calle-Santiago-Filomena
Paseo-de-los-Pinos-Filomena

Cuando el día 10 amaneció con un sol radiante los efectos de la nevada se hicieron más visibles. 

Si durante la tormenta del fin de semana las imágenes ya eran hermosas, bajo los rayos de sol eran sublimes, pero también más visibles sus devastadores efectos. 

Se puede utilizar la terminología de los incendios forestales para hablar de una de sus consecuencias, la destrucción del arbolado urbano de las calles y parques de Alcalá. 

Ver árboles de más de 120 especies, cuyo denominador común era pertenecer al grupo de especies resistentes al clima extremo, vencidos sobre la calzada y los vehículos aparcados fue de las cosas más impactantes. 

Cientos de árboles, pequeños como los de las calles Santiago, Libreros, Santa Úrsula o Colegios, y grandes, de más de cien años, como los del Parque O’Donnell o el Paseo de los Pinos, recién plantados, o silvestres como los de la ribera del río Henares, se habían quebrado o perdido parte de sus ramas por el peso de la nieve, adelantando una poda forzosa. 

La calle Santiago mostraba el aspecto de una calle centroeuropea tras una contienda, sembrada de coches y contenedores mezclados con ramas caídas, adornos navideños esparcidos entre la nieve y viandantes mirando cuidadosamente donde poner los pies. Los barrios periféricos no estaban mejor.

Sigue en el próximo post!

@complumiradas

¡Filomena a través de los ojos de Complumiradas!

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