Un itinerario complutense para el mes de los difuntos VII: Cárcel Arzobispal

 

En la esquina y confluencia de las calles Cárcel Vieja y callejón del Vicario se encuentra el edificio que fue la cárcel vieja o arzobispal de Alcalá. Hacia la primera se situaba la portada principal de piedra, hoy convertida en ventana, sobre la cual se lee: «Cárcel Arçobispal». 

En la actualidad la construcción se conserva parcialmente como edificio de viviendas particulares. Aquí llegaban todos aquellos procesados por causas inquisitoriales que tuvieran que ser encarcelados. Fue la única cárcel durante siglos para toda la población complutense ya que atendía al delito en nombre de la jurisdicción eclesiástica y civil del Arzobispo de Toledo.

A excepción, claro está, de la cárcel universitaria que era para los estudiantes y personal de la institución. Aunque las sentencias del Santo Oficio podían ser cumplidas en palacios, hospitales y conventos o en sus propias casas, aquí sí era habitual utilizar el edificio levantado para tal fin.

El proceso se realizaba en primer término en la Audiencia del Palacio Arzobispal donde declaraban los acusados y denunciados. Las órdenes monásticas cumplían sus condenas en sus propias celdas o en celdas de castigo destinadas a ello. Las sentencias iban acompañadas del sambenito y condenaban a dos tipos de penas de prisión: por un tiempo definido y la perpetua que no solía exceder de ocho años, cumplidos los cuales el reo era obligado al exilio. Aquellos que eran denunciados y torturados pasaban aquí las noches que duraba su proceso y el tiempo que duraba su pena.

El preso más célebre que pasó por aquí fue San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, cuando fue estudiante en Alcalá durante un año de 1526-1527. En uno de los tres procesos que tuvo en Alcalá fue encarcelado para ser investigado y aclarar si había inducido a una dama viuda y a su hija a recorrer el mundo a fin de servir a los pobres.

Era más apóstol de calle que estudiante en las aulas. Llegó a Alcalá en plena efervescencia de las nuevas corrientes espirituales e intelectuales de la época: el recogimiento franciscano, el movimiento de los alumbrados, la corriente erasmista y la renovación científica en conjunto le configuró espiritualmente.

En esta prisión le visitaron personas muy importantes que se ofrecieron para interceder por su liberación, Teresa Enríquez de Cárdenas, prima hermana de Fernando el Católico y Leonor de Mascareñas, dama de la emperatriz y aya del rey Felipe II y el príncipe Carlos.

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leído por Verónica de Encantacuento.

 

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